Modificación de conducta

Mi perro gruñe o intenta morder cuando lo tocan: qué puede estar ocurriendo

Persona sentada en el suelo junto a un dálmata en casa

Vas a acariciarlo en una zona concreta, a cogerlo en brazos, a secarlo, a cortarle las uñas o a ponerle el arnés, y tu perro gruñe, enseña los dientes, se queda rígido o te marca con la boca. Asusta, y además duele: es tu perro y sientes que te rechaza.

Lo primero que conviene entender es que un gruñido es comunicación. Tu perro te está diciendo algo, y merece la pena escucharlo antes de intentar que se calle.

El gruñido es un aviso, y es valioso

Un perro que gruñe está diciendo «esto me incomoda, para». No es un desafío ni un intento de «dominarte». Es información, y precisamente porque avisa tienes la oportunidad de actuar antes de que la situación vaya a más.

Antes de preguntar cómo hago que deje de gruñir, pregúntate: ¿qué le está pasando para necesitar avisarme?

Qué puede estar detrás

Dolor o molestias físicas

Es lo primero que hay que descartar, sobre todo si el gruñido es nuevo o aparece siempre al tocar la misma zona: el lomo, la cadera, las orejas, las patas. En mi trabajo me fijo en cómo se coloca y cómo se mueve el perro, y cuando veo algo que me hace sospechar de molestias, lo primero es una revisión con el veterinario o el especialista. Ningún trabajo de conducta va a funcionar si al perro le duele.

Miedo o inseguridad

Para muchos perros, que los sujeten, los levanten o se inclinen por encima de ellos es muy invasivo. No lo viven como un gesto de cariño, sino como algo de lo que no pueden escapar.

Malas experiencias

Visitas al veterinario o a la peluquería que resultaron difíciles, curas dolorosas o castigos físicos pueden hacer que el perro anticipe algo malo cada vez que se le toca de cierta manera.

Falta de costumbre

Si de cachorro nunca aprendió a que le tocaran las patas, las orejas o la boca con calma, de adulto esas manipulaciones le resultan extrañas y molestas.

Incomodidad o saturación

Estaba descansando, lo despiertan, lo acarician demasiado rato o en un momento en que no le apetece. Igual que nos pasa a nosotros, no siempre quiere contacto.

Proteger algo

A veces el gruñido no es por el contacto en sí, sino porque el perro está cerca de algo que valora: su comida, un juguete, su cama o su sitio en el sofá.

Las señales que suele haber antes

Muchos perros muestran antes señales más discretas que pasan desapercibidas: girar la cabeza, lamerse los labios, bostezar, quedarse quieto de golpe, apartarse o enseñar el blanco de los ojos. Aprender a verlas te permite parar antes de que el perro necesite gruñir.

Lo que no conviene hacer

  • Castigar el gruñido. Puedes conseguir que deje de avisar sin que cambie lo que siente, y se corre el riesgo de que pase directamente a morder, sin aviso previo.
  • Enfrentarte a él «para que aprenda quién manda». Aumenta el miedo y el riesgo de mordida.
  • Forzar la situación «para que se acostumbre». Sujetarlo hasta que se rinda no le enseña a estar cómodo, solo que no tiene salida.
  • Ignorar el aviso y seguir. Le enseñas que avisar no sirve de nada.

Qué hacer mientras tanto

  • Cuando gruña, para y dale espacio, sin regañarle.
  • Evita repetir la situación que lo provoca hasta tener un plan.
  • Apunta cuándo pasa: qué estabas haciendo, en qué zona, quién era, qué había pasado antes.
  • Pide cita con el veterinario para descartar dolor.
  • Si hay niños en casa, supervisa siempre y enséñales a no molestarle mientras descansa o come.

Qué analizaría antes de intervenir

Desde cuándo pasa, en qué zonas y situaciones, con qué personas, qué ocurre justo antes, cómo está de salud, cuál es su historia y cómo es la convivencia en casa. Con esa información se ve si hablamos de dolor, de miedo, de falta de costumbre o de una mezcla.

Qué se puede trabajar

Una vez descartado el dolor, o mientras se trata, se puede trabajar que el contacto vuelva a ser algo agradable y predecible para el perro: manipulaciones poco a poco y a su ritmo, dándole cierta capacidad de decidir, y rutinas de cuidados que no le pillen por sorpresa. Y, sobre todo, se trabaja con la familia, para que sepa leer sus señales y respetarlas. Es el tipo de caso que abordo en modificación de conducta.

Cuándo conviene pedir ayuda

  • Siempre que haya habido un intento de mordida.
  • Si hay niños o personas mayores en casa.
  • Si los gruñidos van a más o aparecen en más situaciones.
  • Si ha empezado de repente, empezando por el veterinario.

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